Own way or alliance? Paraguay and the eternal promise of a progressive cycle. The limitations of a shattered left (1989—2021)
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Own way or alliance? Paraguay and the eternal promise of a progressive cycle. The limitations of a shattered left (1989—2021)
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¿Camino propio o alianza? El Paraguay y la eterna promesa de un ciclo progresista. Las limitaciones de una izquierda fragmentada (1989—2021)
PII
S0044748X0016575-1-1
DOI
10.31857/S0044748X0016575-1
Publication type
Article
Status
Published
Authors
Mariano D. Montero 
Affiliation: University of Buenos Aires
Address: Argentina, Buenos Aires
Edition
Pages
87-100
Abstract

Paraguay was the last of the South American countries to join the so-called “progressive cycle” in 2008. Except Chile and Peru — with overly ambiguous progressive cycles - it was also the first to get out of it as the outcome of the parliamentary coup in June 2012. Of the countries involved, Paraguay was the one with the shortest cycle, with only four years. However, the lessons of the arrival to the government and the following ouster were not taken into account in a proper way by the Paraguayan left forces that remain divided. There are many fringes and groups within the Paraguayan left movement, which clamps down on the chances to manage the unity as the chief condition for a possible return to power. In order to weight the nowadays possibilities of the left-wing forces, the author gives heed to the current situation in their groups and to the conclusions that should be made on the basis of their brief experience in ruling the State (2008—2012). As a matter of fact, they have two main choices before them: to keep trying electoral alliances with the Authentic Radical Liberal Party (PLRA) or to take their own way framing a long-term political project.

Keywords
Paraguayan left, democratic transition, electoral alliances, Latin American progressive cycle
Received
11.03.2021
Date of publication
29.09.2021
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1 A partir del 5 de marzo de 2021, el Paraguay se vio convulsionado por una serie de manifestaciones ciudadanas causadas por la pobre gestión en salud del gobierno colorado del presidente Mario Abdo Benítez (2018—2023), que surgieron ante el colapso de la estructura sanitaria y la falta de insumos hospitalarios en medio de la pandemia del COVID-19. Por unas semanas, la hegemonía histórica de la ANR (Asociación Nacional Republicana, conocida como Partido Colorado) estuvo en crisis. Frente a la presión ciudadana, se sucedieron un intento de destitución del presidente por medio de un juicio político a través del parlamento, la renuncia del ministro de Salud y un clima de efervescencia popular que direccionó su frustración y descontento contra la fuerza política que gobernó el país durante los últimos setenta años1. Sin embargo, este clima de rebelión y hastío social contra el partido político gobernante, no es capitalizado por ninguna agrupación o frente de izquierda (I) o centro-izquierda (CI).
1. Con su pico de tensión el día 17 de marzo del corriente, en el que manifestantes quemaron “Colorado Roga”, el principal local céntrico de la ANR, sumado a una campaña con el slogan “ANR nunca más”, que plantea la desafiliación en masa de la agrupación política.
2 Pero, ¿de qué hablamos, cuando hablamos de I o CI en el Paraguay?, ¿los paraguayos tuvieron su ciclo progresista durante la primera década del siglo XXI, como muchos de sus vecinos?, ¿todavía existe la izquierda tradicional del siglo XX?, ¿qué I o CI existe hoy con posibilidades de influir en la política nacional?, ¿qué elementos y prácticas de la izquierda “histórica” se mantienen vigentes?, es decir, ¿qué legado pervive, ya sea negativo o positivo?; y ¿qué otros aspectos aparecen como novedad que permitirían tener esperanzas para un futuro progresista en el Paraguay?
3 Con el fin de abordar estos aspectos, describiremos brevemente la incidencia de la I y CI paraguayas en los 32 años de la democracia (1989—2021), proceso que muchos consideran como una transición sin fin. En segundo lugar, analizaremos las lecciones de los cuatro años de la presidencia de Fernando Lugo (2008—2012) dentro del contexto regional del llamado ciclo progresista latinoamericano. A continuación, trazaremos un mapa o radiografía de la I y CI actual en sus diversas expresiones: partidos políticos legales, representantes de la I histórica y de nuevas generaciones; movimientos sociales; agrupaciones marginales que se mantienen fuera del juego electoral; la existencia de guerrillas rurales en el norte del país y como estas afectan directa o indirectamente a la acción política de la I y CI. Por último, intentaremos determinar las posibilidades de acceso al poder que hoy día tiene el colectivo progresista paraguayo.
4 Con respecto al marco teórico, existieron dificultades para desarrollarlo, debido a la escasez de producción escrita sobre la izquierda paraguaya del pasado y del presente. Se efectuó un análisis de la bibliografía pertinente, a lo que se sumaron los datos extraídos de los estatutos de cada agrupación, provenientes de la página web del Tribunal Superior de Justicia Electoral (TSJE), para poder establecer sus objetivos e ideología. En cuanto al trasfondo sudamericano, se pudo alcanzar un marco teórico más amplio y sólido gracias a la mayor producción académica sobre el ciclo progresista latinoamericano que, sin embargo, deja de lado repetidamente al Paraguay en sus análisis. Precisamente por lo poco abordado del tema que nos ocupa, es que el presente texto adopta una metodología empírico-descriptiva y expositiva, en donde recurrimos en mayor medida a aspectos cualitativos (características de las agrupaciones) y en menor medida a aspectos cuantitativos (resultados electorales, etc.). Del mismo modo, el texto presenta indagaciones diacrónicas y retrospectivas, en cuanto al lazo existente o no de las experiencias de la izquierda histórica con la actual; e intentos prospectivos en relación a las posibilidades del progresismo en el Paraguay.
5 En este ensayo de análisis político de la coyuntura actual, compartimos el criterio utilizado por González Bozzolasco y Martínez Escobar (2019) con respecto a qué agrupaciones consideramos de I o CI: “Optamos, además, por incluir dentro del campo de la izquierda a los grupos que se autodefinen como parte del mismo, sin entrar en evaluaciones pormenorizadas de su pertenencia o no a este espectro político-ideológico a partir de determinados parámetros preestablecidos — programas, propuestas, postulados ideológicos, trayectorias, etc” [1, p. 57].
6 Por último, aclaramos que, por una cuestión de espacio, dejamos fuera de nuestra investigación a las organizaciones campesinas paraguayas.
7

La transición sin fin (1989—2021)

8 El Paraguay es el país sudamericano en el que más tiempo estuvieron prohibidas por ley las “actividades comunistas”. Entre 1928 — año de su fundación — y 1989, año del retorno a la democracia, el Partido Comunista Paraguayo (PCP) gozó solamente de seis meses (1946) y quince días (1936) de legalidad, actuando el resto del tiempo en la clandestinidad [2], [3], [4], [5], [6], [7], [8]. Ningún otro partido comunista sudamericano ha sufrido tantos años de proscripción. Tanto antes de la dictadura de Alfredo Stroessner (1954—1989), como en el transcurso de la misma, Paraguay siempre se presentaba como la república más “anticomunista” de la región2 [9], [10].
2. Muestras de esta política de estado son la organización en Asunción de la XII Conferencia Anual de la Liga Anticomunista Mundial (WACL), en 1979, y el hecho de que el Paraguay sea el único país sudamericano que todavía mantiene relaciones diplomáticas con Taiwán y evita establecerlas con la República Popular China.
9 Esta tradición de más de cien años de la clase política tradicional paraguaya, de aversión hacia toda práctica política con un mínimo de contenido progresista, motivó que la reinserción de las agrupaciones de I y CI en el juego político-electoral, a partir de 1989, no haya sido fácil. La falta de gimnasia electoral, sumada a la coyuntura de la década de los noventa, en donde una ola privatizadora de los servicios públicos cubrió a toda la región, motivó que las fuerzas de I y CI se volcaran más a la protesta social que a la competición electoral, en donde cosecharon magros resultados con algunas excepciones muy puntuales y efímeras3 [1]. A lo anterior se agrega, en el caso de los partidos de identidad marxista leninista, cierta desorientación ideológica a raíz de la caída del bloque soviético que coincide con el fin de la dictadura stronista (1989), y el hecho de que, más allá de las luchas y sacrificios de diversos grupos políticos, gremiales y campesinos, la caída de la dictadura se produjo por medio de un golpe militar comandado por uniformados identificados con aquel régimen. Esto, sumado a que el partido político que fue sostén del mismo (ANR-Partido Colorado), se mantuvo en el poder, terminó significando la continuidad de una burocracia política, militar y judicial identificada con el stronismo que, hasta el presente, mantiene intacto su poder fáctico.
3. Nos referimos al triunfo en las elecciones municipales de Asunción de Carlos Filizzola (1991—1996) representando a una tendencia de CI, y en 1993 con el Partido Encuentro Nacional, también de CI, logrando un 23% en las elecciones legislativas.
10 Entonces, mientras un sector socialdemócrata obtiene algunos avances en el campo electoral, la izquierda histórica (como el PCP y el Partido de los Trabajadores, PT) opta por ligar su actividad con los movimientos sociales4, tanto gremiales como campesinos. Ejemplo de esta articulación política de lucha, fue el paro general del 2 de mayo de 1994 y especialmente importante fue la unificación de las organizaciones campesinas en la Mesa Coordinadora Nacional de Organizaciones Campesinas (MCNOC) en el mismo año. Sin embargo, el papel del PCP y el PT se limitó a dar apoyo a la huelga, posición adoptada por todo el arco político opositor, siendo las tres centrales sindicales las protagonistas.
4. 4 Entendemos a los movimientos sociales como “actores colectivos que se movilizan para transformar una situación de opresión y/o explotación y que actúan para alcanzar objetivos y/o reivindicaciones específicas en el marco de la construcción de un proyecto de sociedad” [11, p. 25].
11 Otros autores resaltan la mayor originalidad y vitalidad de los movimientos sociales en los años noventa con respecto a las agrupaciones políticas de I y CI surgidas antes de la caída del stronismo, pese a que no lograron definir una opción política real a la hegemonía neoliberal5.
5. 5 De acuerdo a Marielle Palau “La irrupción de masas que preludió el ascenso de Fernando Lugo a la presidencia del Paraguay y su insólita posterior capitulación, ilustra las dificultades de este proceso de articulación de luchas dentro y fuera del sistema político-electoral, y certifica una vez más que tal como lo señalara Maquiavelo a propósito de la república romana, sin ese “afuera”, es decir, sin la activación de “la calle” y su enfrentamiento con el denso y fraudulento andamiaje institucional del Estado (diseñado tan sólo para garantizar el predominio de las clases dominantes), los procesos democráticos y emancipatorios quedan inevitablemente atrapados en la telaraña conservadora urdida por aquellas” [11, pp. 14-15].
12 El pico más alto de la articulación entre los partidos políticos paraguayos de I y CI y los movimientos sociales, se plasmó en el año 2002 con la conformación del denominado Congreso Democrático del Pueblo (CDP), “proceso de acumulación, caracterizado por la lucha en la calle, por los cortes de ruta, por las ocupaciones de tierra, por las movilizaciones” [11, p. 17]. Los logros de esta unidad en la lucha fueron, principalmente, impedir el proceso de privatizaciones que ya se había implementado en el resto de la región6, y evitar la aprobación de la ley anti-terrorista de inspiración norteamericana (que, sin embargo, y paradójicamente, se aprobaría en 2010 durante el gobierno progresista de Fernando Lugo).
6. Es importante remarcar el hecho de que en el Paraguay, las fuerzas sociales lograron lo que no pudieron en la Argentina: evitar el proceso de privatización de las grandes empresas públicas de servicios.
13 En los siguientes años (2002—2006), motivado por esta exitosa experiencia de unidad popular, el colectivo progresista paraguayo consideró que así como obtuvo logros a través de la lucha social, también podría conseguir conquistas en el plano electoral. De esta forma, de 2003 a 2013 algunos autores advierten un desplazamiento de la protesta social a la competencia electoral [1].
14

El Paraguay dentro del ciclo progresista sudamericano: ese gran desconocido (2008—2012)

15 El Paraguay fue el último de los países sudamericanos en integrarse al llamado “ciclo progresista”, en el año 2008, con la asunción a la presidencia del ex obispo Fernando Lugo7. El pico del ciclo progresista se dio entre 2009 y 2010, bienio en el que de diez países de la región, en nueve se contaba con gobiernos de I y CI (con la sola excepción de Colombia, único país de Sudamérica que mantiene gobiernos conservadores de derecha hasta el presente). Exceptuando los casos de Chile y Perú — con ciclos progresistas demasiado ambiguos, — también fue el primero en quedar afuera, resultado del golpe parlamentario de junio de 2012. De los países involucrados, Paraguay fue el que tuvo el ciclo más breve, con solo cuatro años, que fueron los únicos en toda la historia del país en que representantes de las fuerzas de izquierda llegaron a posiciones de gestión (exceptuando un breve período en 1936, con el gobierno febrerista).
7. El dato del caudal de votos que consiguió la I y CI paraguaya en 2003, año que podemos considerar como de inicio fuerte del ciclo progresista con el triunfo de Kirchner en Argentina, nos demuestra lo lejos que se encontraba el país de acoplarse a ese proceso. Apenas se superó el 1% de los votos sumando a todas las agrupaciones.
16 Sin embargo, el caso paraguayo está muy poco abordado. Las investigaciones publicadas sobre el tema se centran más que nada en los casos venezolano, boliviano, argentino, ecuatoriano, uruguayo y brasileño; quedando Paraguay solo como uno más de la lista y como eslabón medio de la cadena de golpes parlamentarios iniciada en Honduras (2009) y finalizada en Brasil (2016). Extraño olvido, si tenemos en cuenta que así como a partir de 1954 con el golpe de Stroessner, Paraguay se convirtió en el laboratorio sudamericano de la aplicación de la Doctrina de Seguridad Nacional, en 2012 fue el laboratorio sudamericano de los golpes parlamentarios, o de “nuevo tipo”, que luego se ensayaron en Brasil (2016) y en Bolivia (2019).
17 Regalado [12, p. 8] propone una descripción de las fases de acumulación del ciclo, según la cual, entre 1985 y 1998 se produce el primer proceso de acumulación de poder popular frente al neoliberalismo que, sin embargo, no alcanza para llegar al poder. Le sigue otra fase que abarca el período entre 1998 y 2009 y es caracterizada por la fuerza adquirida por las agrupaciones de I y CI que les permitió la llegada al poder y reelecciones posteriores.
18 Pero a estas fases de acumulación, según Regalado [12. p. 8], fueron sucedidas por las de desacumulación. La primera se dio entre 2009 y 2012, sin derrotas electorales, pero con golpes de estado de “nuevo tipo” en Honduras y Paraguay. La segunda tuvo lugar entre 2013 y 2014, cuando las estrategias desestabilizadoras de la derecha cobraron mucha fuerza. La tercera sucedió en 2015—2019, llegando las derrotas a los «eslabones más fuertes de la cadena». Los países donde las fuerzas de izquierda y progresistas fueron desplazadas del gobierno fueron Argentina, Brasil, Ecuador y El Salvador. Esta última fase se complementó con la persecución judicial de las fuerzas de CI ahora opositoras. A esto se sumó el golpe en Bolivia contra Evo Morales a fines de 2019. El panorama para nuestra actualidad es preocupante, al constatar lo que ya podemos denominar un ciclo conservador en la región, con 6 gobiernos de centro y de derecha (Chile, Uruguay, Paraguay, Brasil, Ecuador y Colombia) y solo 4 de I y CI (Argentina, Bolivia, Venezuela y, recientemente, Perú).
19 En la generalidad de los autores, se constata que en la mayoría de los países que atravesaron este ciclo, los beneficios sociales fueron y la política exterior asumió un perfil más autónomo y antiimperialista [11, 13]. Pero, simultáneamente, el crecimiento de los agronegocios se profundizó, y organismos internacionales como el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional elogiaban la política económica de muchos países. La estructura agraria no solo siguió igual, sino que se acrecentó la concentración de tierras. Por ejemplo, en el Paraguay, la intención de una reforma agraria quedó solo en el discurso [11, 13].
20 El ciclo progresista comienza en el Paraguay con el triunfo en las elecciones del 20 de abril de 2008 de la fórmula Lugo-Franco, producto de la alianza entre las fuerzas de CI que apoyaban a Lugo, y el PLRA, partido de centro o centro-derecha, de acuerdo a la coyuntura. Como era esperado, los principales ministerios (Economía, Trabajo, Obras Públicas) fueron ocupados por representantes del PLRA, fuerza que obtuvo la mayor cantidad de votos para el triunfo de Lugo. Pero a partir de 2011 comienzan los cortocircuitos entre el vicepresidente Federico Franco (PLRA) y Lugo. Debido a que la alianza fue de carácter electoral y no programática, la posibilidad de conflictos al interior del nuevo gobierno era previsible.
21 Claramente, Lugo no modificó el proceso de sojificación y consecuente expulsión del campesinado de la tierra. Durante su mandato los movimientos sociales — cruciales para su elección — terminaron siendo cooptados por las estructuras gubernamentales y perdieron su poder de movilización [14]. El 20 de marzo de 2010, , Fernando Lugo impulsó la creación del Frente Guasú (FG) con la intención de fortalecer el espacio de la CI en la alianza gobernante. No obstante, la medida no fue suficiente para poder resistir el golpe parlamentario de junio de 2012.
22 No le preocupó demasiado a la derecha paraguaya efectuar el golpe parlamentario en un momento en que geo-politicamente se encontraba rodeada de aliados del gobierno depuesto (Brasil, Argentina, Uruguay y Bolivia). Ante las amenazas de ser expulsado del MERCOSUR, la clase política tradicional paraguaya que había destituido a Lugo, apeló al discurso nacionalista, victimizante y de manipulación, haciendo alusión a que aquellos países que se habían aliado para destruir al Paraguay en la Guerra de la Triple Alianza (1865—1870), hoy volvían a querer intervenir en sus asuntos internos.
23 Luego de lograr solo un 10% en las elecciones presidenciales de 2013 y pese a la experiencia vivida en 2012, para la contienda electoral de 2018 el FG vuelve a formar la alianza con el PLRA, pero esta vez ocupando el lugar subordinado de la candidatura a vicepresidente. Perdieron por apenas 95.603 votos.
24 Algunas conclusiones del ciclo progresista en el Paraguay se pueden resumir en lo siguiente:
  • faltó equilibrio entre la pugna electoral y la lucha social junto a las bases. Al desmovilizar el gobierno a las bases, no hubo actor social que lo defendiera de las acciones desestabilizadoras [11];
  • la derecha se adueñó del concepto leninista de “doble poder” o “poder dual” [12, p. 10]. En el período 2008—2012, existió un “doble poder”, con la ANR en el llano, pero controlando el parlamento, la fiscalía, la policía, el ejército y la burocracia enquistada desde hace 70 años en el Estado;
  • inconveniencia de alianzas con partidos tradicionales que solo buscan un triunfo electoral sin preocuparse por coincidencias programáticas;
  • hubo confianza ingenua en que la derecha respetaría las normas del juego democrático.
25 En noviembre de 2012, como resultado de la dispersión posterior al golpe parlamentario de junio, se conforma otro frente de CI, Avanza País (Partido Movimiento al Socialismo, Partido Revolucionario Febrerista, Partido Demócrata Cristiano y Partido Popular Tekojoja). Quiere decir que en lugar de conservar la unidad en el FG, la CI se disemina aún más. Sin embargo, este nuevo frente logra ganar la intendencia de Asunción en 2015 (en alianza con el PLRA).
26 A partir de 2013 comienza el proceso de desacumulación regional de los gobiernos progresistas que hemos mencionado al principio. El desmantelamiento de la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR) entre 2018 y 2019, fuertemente asociada al ciclo progresista, y su reemplazo por el Foro para el Progreso de América del Sur (Prosur), impulsado por los gobiernos derechistas de Colombia y Chile, es otro síntoma del cambio de época.
27 La coincidencia en la necesidad de reconocer los errores propios es una observación que se repite en la mayoría de los análisis de diferentes investigadores [11, 12, 15].
28

Mapa actual de la I y CI en el Paraguay: más agrupaciones y menos unidad

29 Actualmente, existen 28 partidos políticos reconocidos por el Tribunal Superior de Justicia Electoral (TSJE8), a los que sumamos 9 más que no figuran en la página de dicho ente, o que este considera extintos, pese a que siguen vigentes y activos más allá de su prácticamente nula influencia en los hechos políticos del país.
8. >>>> (consultado el 28 de abril de 2021).
30 De los 37 partidos relevados de nuestra investigación, 24 se consideran de I o CI y solo 13 son de centro, centro-derecha y derecha9. Es decir, casi el 70% de las agrupaciones políticas del Paraguay afirman pertenecer a la I y CI. Claramente, es una cantidad importante, pero solo a nivel cuantitativo. Pero este dato, en vez de in-dicar la fuerza y el potencial de la izquierda en el Paraguay, lo que hace es, para-dójicamente, demostrar su debilidad. La exagerada cantidad de agrupaciones es in-versamente proporcional a su cantidad de miembros y capacidad de movilización. Lo único que evidencia este número es una profunda fragmentación y falta de unidad para las luchas sociales y electorales. A continuación, detallamos las 24 agrupaciones.
9. Partido Patria Querida (PPQ), UNACE, Partido Nacional de la Gente 30 A, PLRA, ANR, Partido Hagamos, Partido de la Juventud, Fuerza Joven, Partido Cruzada Nacional, Partido Patria Soñada (PPS), Partido Socialista Democrático Herederos (PSDH), Partido Nacional Unámonos (PNU), Partido Demócrata Cristiano (PDC).
31 Izquierda clásica (4)
32
  • Partido Comunista Paraguayo (PCP), fundado en 1928. Formó parte del Frente Guasú a partir de abril de 2008 y lo abandonó a fines de 2010. Miembro del Foro de São Paulo [2], [4].
  • Partido Comunista Paraguayo Independiente (PCPI), fundado en 1973, semiclandestino y de nula influencia, resultado de la división partidaria del PCP del año 1965 [4].
  • Partido Comunista del Paraguay (PCdelP), fundado en 2004 y cuya zona de influencia política se limita al municipio de Ciudad del Este.
  • Partido de los Trabajadores (PT), fundado en 1989, pero con antecedentes en la clandestinidad, desde principios de los ochenta, con la Organización Socialista Revolucionaria (OSR). En su página web propugna la unidad de las fuerzas de izquierda para, a continuación, criticar duramente al resto de las agrupaciones (especialmente al PMAS, PCP y al PCPS), minando toda posibilidad de acercamiento.
33 Lo único que comparten estas agrupaciones es un discurso anacrónico en muchos aspectos que repiten y mantienen desde mediados del siglo XX (PCP y PCPI). El hecho de la existencia de tres partidos comunistas habla a las claras de la histórica falta de unidad en sus filas, característica que arrastra desde la década de los sesenta [4].
34 Izquierda post-89 (2)
35
  • Partido Paraguay Pyahurã (PPP), fundado en 1996, y como partido en 2012, luego del golpe a Lugo. Tiene muchos militantes cruzados con la Federación Nacional Campesina (FNC). Tiene una gran capacidad de movilización junto a la FNC, pero todavía no se deciden a entrar a la competencia electoral, ya que consideran que no es el camino para lograr conquistas sociales y sostienen una fuerte crítica hacia lo que ellos consideran una “izquierda electoralista”. Sin embargo, aclaran que no son antielectoralistas, sino que decidirán participar de elecciones siempre y cuando sea una táctica para poder llegar a un objetivo. Tienen una relación muy estrecha con la Organización de Trabajadores de la Educación del Paraguay (OTEP) y con la FNC, con quienes — desde mediados de los años noventa — comparten espacios de articulación [11, p. 76].
  • Partido Convergencia Popular Socialista (PCPS), fundado en 2009. Según su estatuto, es una “organización política de carácter nacional, democrático, popular, patriótico, socialista, internacionalista y solidario”10. Tanto en 2013 como en 2018 logró la elección de un representante al senado a través del FG.
10. Estatuto disponible en: www.tsej.gov.ar
36 CI y socialdemócratas (18)
37
  • Partido País Solidario (PPS), fundado en el año 2000. Miembro del Foro de São Paulo.
  • Partido Participación Ciudadana (PPC), fundado en 1997. Su lider, Esperanza Martínez, fue ministra de Salud Publica y Bienestar Social (2008—2012). Pertenece al Foro de São Paulo.
  • Partido Popular Tekojoja (PPT), fundado en 2006 como Movimiento Popular Tekojoja que impulsó la creación del FG. Se transformó en partido en 2008. Es uno de los partidos de CI más representativos. En sus estatutos se declara el “fin de convertirse en herramienta de transformación de la sociedad y del Estado paraguayo a través de la participación de las clases explotadas, oprimidas y excluidas por el sistema capitalista”11. Asegura que su intención es el camino hacia el socialismo, entendiendo que el mismo se realizará como alternativa al actual sistema hegemónico capitalista. Miembro del Foro de São Paulo.
  • Partido del Movimiento al Socialismo (P-MAS), fundado en 2006 por grupos estudiantiles, obreros y sectores populares. Formó parte del Frente Guasú, pero en 2013 pasó a integrar otro frente de CI denominado Avanza País.
  • Partido del Movimiento Patriótico Popular (PMPP), se funda en el año 2009 y es de origen campesino, identificado con consignas nacionales, socialistas y de distribución equitativa de la riqueza. Miembro del Foro de São Paulo.
  • Partido Revolucionario Febrerista (PRF), fundado en 1951 y con origen en el levantamiento armado del 17 de febrero de 1936. Participó en el parlamento stronista desde 1962. Pluriclasista, con elementos de derecha y de izquierda en sus comienzos. Años después adquirió la identidad de un partido socialde-mócrata. Se declara “revolucionario, nacionalista, antiimperialista, democrático y socialista”12. Miembro del Foro de São Paulo.
  • Partido de la Unidad Popular (PUP), fundado en 2001. De acuerdo a sus estatutos, hace más énfasis en lo nacional, con alusiones a justicia social, que a una ideología de izquierda. Se reconocen en los próceres nacionales, Gaspar Rodríguez de Francia y Francisco Solano López. Es heredero del Movimiento Paraguayo de Liberación José Gaspar Rodríguez de Francia (MOPALI) surgido en el exilio en 1986.
  • Partido del Frente Patriótico Teete (PFPT), fundado en el año 2017. Se define como una “fuerza política nacional democrática y progresista de ideología socialista”13.
  • Partido Fuerza Común (PFC). Nace como partido en 2018, aunque todavía no está reconocido. Lo conforman predominantemente jóvenes que se reclaman “lucha-doras y luchadores por el socialismo, por el feminismo, y por el cuidado del medio ambiente y la justicia social”14. Algunos de sus integrantes son ex miembros del PCP.
  • Movimiento La Patria Primero (MLPP), agrupación creada por Fernando Lugo en 2017.
  • Movimiento Soberanía y Desarrollo (MSD), creado en 2011. Formó parte del FG.
  • Partido Frente Amplio (PFA), fundado en 2002. Integró el FG del cual se retiró en 2011.
  • Partido Humanista Paraguayo (PHP), fundado en 1985 en la clandestinidad.
  • Partido Paraguay Tekopyahu (PPT), reconocido como partido en 2015. Forma parte de la alianza Avanza País.
  • Partido Encuentro Nacional (PEN), fundado en 1991. Apoyó a Lugo en 2008. Se retiró de la alianza en 2013.
  • Partido Democrático Progresista (PDP), fundado en el año 2007. En sus estatutos, declara que lucha “contra todo tipo de discriminación y explotación, aspirando a transformar la sociedad para convertirla en libre, igualitaria y solidaria”, y que la organización se fundamenta en “los valores, la doctrina y principios del socialismo democrático”15.
  • Partido de la A (PDA), fundado en 2016. Propone un “proyecto progresista” y se basa en los “principios social democráticos”16.
  • Partido Kuña Pyrenda (PKP), agrupación feminista y socialista. Surgió como movimiento en el año 2011, y como partido político en 2014.
11. Ibidem

12. Ibidem.

13. Estatuto disponible en: www.tsej.gov.ar

14. “Nace el Partido Fuerza Común”. — E’a, periódico digital, 18 de julio de 2018. Disponible en: >>>> (consultado el 24.07.2021).

15. Ibidem.

16. Ibidem.
38 El principal problema que debe afrontar la I y CI en el Paraguay es histórico y representa uno de los legados — negativo en este caso — de la izquierda histórica: la fragmentación y falta de unidad generados en un sectarismo que se transmite de generación en generación. El comunismo local es una prueba de ello, dividido en tres agrupaciones actualmente. El legado positivo, es la persistencia y presencia en la lucha, como lo demuestran los 61 años en que tuvieron que actuar en la clandestinidad [2], [3], [4], [5], [6], [7], [8].
39 En cuanto a conceptos teóricos y modelos de organización, los partidos históricos se caracterizan por mantener sus tesis y formas de militancia intactas, prácticamente sin actualizarlas, lo que significa un problema importante, ya que muchos elementos de su discurso quedaron vetustos para el presente.
40 De todas las fuerzas detalladas, las tres más representativas en cuanto al número de militantes y movilización, son el PPP — que por el momento se mantiene al margen del juego electoral, — el PCPS — ya con experiencia de gestión entre 2008 y 2012 — y el PPT. Lo que los une es que todos tienen algún tipo de vínculo con el movimiento campesino paraguayo, aspecto clave para su preeminencia en campo de la I y CI paraguayas.
41

Izquierda y guerrilla: una presencia incómoda

42 El análisis de la izquierda en el Paraguay tiene una particularidad que lo diferencia del resto de los países de la región. A excepción de Colombia, el Paraguay es el único país sudamericano que actualmente tiene guerrillas activas en su territorio17. La más activa y conocida, es la del Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP), grupo fundado en 2008, que se declara marxista-leninista y francista18.
17. También en el Perú, siguen operando algunos restos marginales de lo que fue Sendero Luminoso.

18. Con este término, se refiere a quien fuera dictador perpetuo del Paraguay entre 1814 y 1840, Gaspar Rodríguez de Francia. En sus escritos, propone como plataforma política un “francismo del siglo XXI”.
43 La verdadera naturaleza del EPP sigue siendo objeto de debate. Mientras algunos analistas sostienen que es un grupo funcional a los intereses de los extractivistas y sojeros de la zona norte del país, al permitir, con sus acciones armadas, la criminalización de las luchas campesinas legítimas [16]; otros afirman que se trata de un grupo con claras características insurgentes de izquierda clásicas [17], [18]. Opuesta a Martens y a Nickson, y más cercana a Pereira, Sonia Winer se niega a considerarlos como una guerrilla clásica de izquierda y se refiere a ellos como “presuntos guerrilleros” [19, p. 12] que con sus acciones propician “la profundización de medidas político-jurídicas negadoras de derechos, congruentes con la restauración y reproducción del orden actual” [19, p. 38].
44 Asimismo, existen otros grupos armados similares. En el 2014 surge la Agrupación Campesina Armada (ACA); dos años después, el Ejército Mariscal López (EML); y en 2019, la Brigada Indígena de Ajusticiamiento a Matones de Estancia (BIAME), autores supuestos del secuestro del ex vicepresidente Oscar Denis en 2020. Las sospechas sobre los orígenes de estos grupos — mucho más pequeños que el EPP — giran alrededor de si se trata de desprendimientos reales del EPP (por diferencias ideológicas u operativas) o si son desprendimientos organizados desde el EPP para ampliar su base de operaciones [20].
45 Esta breve referencia a los grupos armados que operan en el norte del Paraguay, que se identifican con la izquierda, la hacemos para que el lector pueda comprender el delicado contexto en el que deben manejarse las fuerzas de I y CI en el país ante la amenaza siempre latente de que desde el Ministerio Público se impute a cualquier político o dirigente social de estar vinculado de una u otra forma a la guerrilla. Pese a que el EPP no mantiene vínculos con ninguna fuerza política, la amenaza de ser acusado, en base a pruebas muy débiles, de ser simpatizante de la guerrilla actúa como amedrentamiento hacia muchos dirigentes y militantes.
46 El autor de este artículo se inclina a la posibilidad de que el EPP sea una verdadera formación insurgente, tal cual lo plantea Martens; pero con la salvedad de que parte de su dirección este parcialmente infiltrada por la inteligencia gubernamental y militar. De otra manera, es muy difícil comprender el objetivo de las acciones que a todas luces significan retrocesos en las luchas populares y que invitan a una intervención militar de la región norte19.
19. Por ejemplo, el hecho de que el EPP haya hecho su aparición pública tan solo quince días antes de la asunción de Fernando Lugo al poder, en agosto de 2008; o que en momentos en que una organización campesina está cerca de lograr reivindicaciones por vías legales, aparezca el EPP realizando acciones que generan que luego los fiscales y militares vinculen a los campesinos con el EPP. En 2009, la Organización Nacional Campesina (ONC), gremio de campesinos de Concepción, comenzó a ser ligado al EPP [20].
47 También es oportuno subrayar que, pese al discurso mediático que distingue entre “víctimas dignas” (los asesinados por la guerrilla) y “víctimas indignas” (dirigentes campesinos asesinados por sicarios que trabajan para la mafia y los sojeros), desde 1989 hasta la fecha fueron asesinados/desaparecidos 124 dirigentes campesinos, frente a 67 víctimas de la guerrilla [20], [21]. Las muertes de los campesinos pasan desaper-cibidas para la sociedad paraguaya, al no merecer cobertura de los grandes medios, actitud que cambia radicalmente cuando el EPP realiza una acción armada o ejecuta a alguien, transformándose en noticia de primera plana.
48

Reflexiones finales

49 Llegados a este punto, es lícito preguntarse por qué, si se comparten las mismas reivindicaciones (reforma agraria real, inversión en salud y educación públicas, reforma de la justicia, reparación para víctimas de la dictadura, renegociación del Tratado de Itaipú con el Brasil, horizonte socialista, etc) y se comparten las luchas (oposición a las privatizaciones, control de la extran-jerización de las tierras de frontera por brasileños, etc.). ¿Cuál es la razón de la existencia de tantas agrupaciones?
50 Los problemas que tiene la I y CI en el Paraguay — el sectarismo y la falta de unidad, condiciones que se retroalimentan entre ellas, son históricos y no se percibe a futuro que los resuelvan en el corto o mediano plazo. La posibilidad más plausible para que el Paraguay reingrese en un nuevo ciclo progresista es que surja una línea interna radicalizada en uno de los dos partidos tradicionales (ANR o PLRA) que se alíe con este conglomerado de grupos de I o CI. Algo improbable, pero no imposible, ya que en el pasado el PLRA supo contar con un líder de un perfil más social, como Domingo Laíno, durante los últimos años de la dictadura y la década de los noventa. Además, si el PLRA no efectúa un giro hacia posiciones más sociales y sigue sin diferenciarse demasiado de la ANR en cuanto a su política económica, corre el riesgo de desaparecer gradualmente, del mismo modo en que la Unión Cívica Radical (UCR) argentina perdió su lugar de segunda fuerza en el país vecino. En Argentina, el ciclo progresista se pudo dar gracias a que uno de los grandes partidos tradicionales fue hegemonizado por una corriente interna de carácter progresista, como el kirchnerismo. Los intentos anteriores hechos por fuera, como el FREPASO, terminaron mal en 2001, al aliarse con el sector más conservador de la UCR para poder llegar al poder. Situación análoga de lo que sucedió en el Paraguay entre 2008 y 2012. Quiere decir que, sin la existencia de esa potencial línea interna progresista del PLRA o la ANR, la I y CI paraguaya quedarán expuestas nuevamente a una traición de sus aliados más poderosos, como sucedió en 2012 a nivel nacional y en 2019 a nivel municipal en Asunción.
51 La otra opción, es lo que denominamos el “camino autónomo”, en donde la I y CI tendrían libertad para aplicar su programa, pero eso implicaría un tiempo prolongado de construcción y acumulación política para no tener la necesidad de aliarse con el PLRA. Sin embargo, para lograr esto, es necesaria una unidad de verdad, con un partido que deje de ser un archipiélago de agrupaciones pequeñas. El sectarismo sigue reinando en la I y CI paraguayas, generando falta de unidad y demostrando una falta de evolución desde la época de la dictadura. Para dejar atrás esto, es imperioso que el FG se transforme en el “Partido Guasú” conformado por 21 de aquellas 24 agrupaciones (por la imposibilidad de acuerdo con el PCPI, PT y PPP).
52 El problema es que en el Paraguay no existe una agrupación política de I o CI que desde 1989 se encuentre acumulando militantes y capital político en forma permanente, como fueron los casos de Brasil, Bolivia y Uruguay. El conjunto de fuerzas de I y CI en el Paraguay deberá decidir si opta por seguir el camino de Bolivia, Brasil o Uruguay, que tras largos procesos de acumulación autónoma de capital político — que llevaron en promedio entre 20 y 30 años — llegaron al poder sin depender de alianzas con fuerzas contrarias a sus interés; o si confiará en una hipotética radicalización política de su incómodo aliado electoral, el PLRA. La inexistencia de esta fuerza de I o CI aglutinadora, por lo menos desde 1989, se debe a muchas razones que diferencian al caso paraguayo del resto de los casos sudamericanos: en primer lugar, haber sufrido la dictadura más duradera de la región (35 años) que persiguió con saña a toda manifestación política cercana a la I o CI; en segundo lugar, la inexistencia de una transición democrática real, ya que el partido político que cogobernó con Stroessner — ANR-Partido Colorado — preservó el poder y no prescindió de las prácticas de la época dictatorial, como lo demostró en 2012; en tercer lugar, la continua criminalización de la protesta social, ejecutada por un poder judicial que no superó el año 1989, lo que desincentiva la participación política de la ciudadanía; y en cuarto y último lugar, se podría aventurar la posibilidad de un vacío intergeneracional que una a la izquierda histórica que luchó en los sesenta y setenta contra la dictadura, con la actual, lo cual implicó un comienzo desde cero en 1989. Este conjunto de características históricas y actuales definieron a una I y CI con poca fortaleza para afrontar el inicio de un ciclo progresista en el país, al que ingresó como socio minoritario de una alianza liderada por una fuerza conservadora, y que explican, en parte, el por qué de la corta duración de cuatro años de su experiencia gubernamental, en contraste con el promedio de 8 a 10 años del resto de los países.

References

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20. Colmán Gutiérrez, A. EPP: Historia no autorizada. Asunción, Servilibro, 2020, 366 p.

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